La tejedora de los hilos del alma

Este texto es el primer cap√≠tulo del libro de la autora ‘La tejedora de vidas. Cuentos para sanar el alma femenina’, que publica la Editorial Eleptheria.

Tejedoras de Llachón, Puno

Tejedoras de Llach√≥n, Puno (Per√ļ). Por DOMINGO GIRIBALDI

Hay una tejedora que habita en el alma de toda mujer para ense√Īarle a mirar su tiempo como un gran ovillo y sus dones como las agujas con las que dar formas a su vida. La tejedora del alma ense√Īa a deshacer las zonas muertas y hacer alquimia con ellas transform√°ndolas en abono para seguir adelante. Por eso dicen que cuando llegas a la casa de una mujer tejedora de alma has de poner mucha atenci√≥n: Si entras y te regala una pipa, un tapiz hecho con sus propias manos o un cuento en realidad te entrega hebras perdidas que no has logrado domar o que ni tan siquiera conoces, claves para despertar a la tejedora del alma que duerme dentro de ti o, incluso, mira por d√≥nde, palabras en forma de cuentos para abrirte a una nueva forma de mirar. Porque lo que jam√°s hace ninguna anciana tejedora ni ninguna mujer ara√Īa es perder el tiempo.

Los cuentos que narran la historia de las mujeres tejedoras del alma nacieron para recordar a toda mujer su enorme capacidad de restaurarse a sí misma, y su poder para construir el paraíso incluso en tierra baldía. Por eso quiero contaros la historia real de Ronin Wano, que también es una alegoría de la herida de todas las mujeres y del propio planeta.

Hace mucho tiempo en un pa√≠s lejano ella era la √ļnica nieta que su abuela sabia educ√≥ para que puntada a puntada y palabra a palabra descubriera los hilos ancestrales que tejen la memoria e hilan la vida; para que susurrara las verdades al alma de las mujeres despistadas y sus palabras devolvieran las fuerzas y ganas de vivir. Al crecer la ni√Īa deb√≠a ense√Īar a todas las dem√°s mujeres de su tribu para mantener vivo el alma de su pueblo y el esp√≠ritu del r√≠o. La llamaron Ronin Wano, servidora de la serpiente, porque en lo m√°s profundo de las m√°s oscuras aguas del r√≠o a cuya orilla naci√≥ habita una anaconda que guarda los saberes y secretos milenarios con que todas las¬† abuelas un d√≠a hilaron memoria, tejieron existencia y gestaron porvenir.

Durante muchos a√Īos la abuela envi√≥ a su nieta a lo m√°s profundo del r√≠o para que aprendiera el idioma del agua y escuchara la historia de sus propias abuelas, a lo m√°s alto de los m√°s altos cedros para aprender los secretos que las hembras p√°jaros contaban a sus hijos y a los m√°s dif√≠ciles riscos para perder el miedo a morir y a vivir. Cada noche de luna llena la abuela y la nieta se acercaban a las casas de las mujeres hastiadas para recordarles la fuerza de la flexibilidad y la fe en la vida. Pero cuando aquella ni√Īa creci√≥ todo cambi√≥. Los √°rboles milenarios se talaban y se vend√≠an para hacer parqu√©. Fue entonces cuando las hijas de sus hijas, que hab√≠an crecido contemplando un televisor, rechazaron su herencia y olvidaron el sencillo ejercicio de ser. Cuando Ronin Wano se convirti√≥ en abuela su gente ya no se sent√≠a unida a los √°rboles, ni al agua, ni a la luna; ni al vientre con sus ciclos. Fue entonces cuando la anciana supo que sus cuentos deb√≠an llegar a las mujeres de m√°s all√° del gran r√≠o que jam√°s hab√≠an aprendido a crear el tapiz de sus propias vidas y ahora deb√≠an tejer el gran tapiz de todos.

Hay un momento en la vida de cada mujer contempor√°nea en el que suele encontrarse frente a un cruce de caminos del que nadie antes le ha hablado: de un lado el camino marcado por la educaci√≥n del mundo patriarcal en el que ha crecido donde encuentra hilos inservibles para tejer con el alma la vida que tiene frente a si, patrones demasiado estrechos, telas poco maleables y escasas posibilidades de fantas√≠a. Al otro lado el reto de encontrar su propio hilo que casi siempre es invisible a los ojos pero no al coraz√≥n y que tiene el don de unir la herencia de las abuelas sabias con su propio camino y el de todas las mujeres. ¬ŅHacia d√≥nde ir? ¬ŅC√≥mo encontrar el hilo? ¬ŅC√≥mo empezar a tejer la propia vida y sentirse completa? El periplo del viaje de la hero√≠na tambi√©n tiene estructura de tragedia griega: a veces la mujer muere para renacer, se hiela para descubrir, se agota para tomar fuerzas pero aprende a hacer alquimia con las emociones y encuentra dentro de si los hilos que la unen a todo. Eso ense√Īa la vida, que siempre sigue adelante.

Tapa de La tejedora de vidasTengo una abuela centenaria que teje con sus manos colchas, vestidos, cortinas, pa√Īos mientras, sin hablar, ense√Īa el arte de tejer la vida: cada cierto tiempo escoge una muestra de entre todas las que componen su lata de labor, la estudia, toma el hilo y teje con la mano derecha mientras con la mano izquierda cuenta hebras. En su danza de dedos une las √≥rdenes de su cabeza y de su coraz√≥n sin perder de vista su objetivo. Mi abuela abre bien su ventana para que entre la luz, mira a trav√©s de los ojos del alma la lana sin hilar y en ella adivina lo que ya existe dentro de ella para proteger a los suyos del fr√≠o del coraz√≥n. Es al contemplarla cuando me doy cuenta que aunque durante miles de a√Īos bajo la sociedad patriarcal el alma de la mujer durmi√≥, se silenci√≥ y sufri√≥ la profunda herida que yo misma he heredado; el hilo invisible de memoria mantuvo viva la sabidur√≠a femenina m√°s all√° de la mente, justo en el centro del coraz√≥n. Por eso la mujer se rompe cuando se aleja de lo que realmente importa. La tejedora del alma est√° presente en los cuentos de todas las sociedades ancestrales, y ha pervivido en la memoria como el genio dentro de la l√°mpara. ¬ŅRecuerdas? la l√°mpara del cuento hay que saber frotarla para que el genio pueda revelarse; eso ense√Īa la vida y la tierra.

Nac√≠ y crec√≠ en un pueblo de meseta con monte y r√≠o donde la crudeza de la tierra ense√Īa a vivir los ciclos y agita las entra√Īas. En invierno el fr√≠o voraz de la escarcha y los hielos empujan hacia dentro y en torno a las chimeneas hay gente que canta romances, en primavera llegan las flores cuando todos despert√°bamos a la vida, y los grandes paseos hasta el r√≠o del verano ense√Īan a fluir. Al llegar al oto√Īo, cuando los manzanos se llenan de frutos, los mayores cuentan historias y desde las colinas del Duero a veces llega el aullido de la loba que ha dejado su manada para volver a empezar. Todo eso forma parte de mi herencia de mujer que olvid√© al llegar a la ciudad. Cuando mi alma se congel√≥ necesit√© buscar salida al laberinto at√°ndome a un hilo muy fino que me llev√≥ a la tierra de las amazonas donde Oriente y Occidente se unen, y hace miles de a√Īos la mujer y la tierra se hicieron una al servicio del alma del mundo, justo al lado del b√≠blico ed√©n donde ‚Äďpor algo‚Äď la manzana sac√≥ a los primeros hombres y mujeres del para√≠so. Es all√≠ donde, seg√ļn Herodoto y los primeros historiadores, viv√≠an las amazonas. Las ancianas tejedoras sembraron en el alma del mundo historias de diosas m√≠ticas cuyos periplos marcan caminos de curaci√≥n y que a√ļn hoy las viejas campesinas cuentan a sus nietas para que tengan bien presente que una mujer puede curarse cuando a una mujer se le hiela el alma.

Desde que comencé aquel viaje cada vez que alguien me cuenta una historia antigua, un mito o un cuento heredado suele ocurrir que siento como algo dentro de mí se abre para dejar que las palabras se instalen, fructifiquen y creen nuevos caminos; ¡nuevos comienzos!

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Fuente: El País

 

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  1. Guía de Mandalas maria laura 17 mayo, 2016

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